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¿Cómo se escribe un libro? Escribir es para uno

Nicolás Ramajo Chiacchio

12 de enero de 2024

Escribir es para uno

A pesar de lo que digan las editoriales, a pesar de lo que crea mucha gente, a pesar de lo que hayas escuchado de García Márquez sobre cómo enganchar al lector, escribir es para uno. Lo quieras o no, escribir es un proceso personal, y orientar dicho proceso a la satisfacción del público es desperdiciar dicho proceso. Es como ir de viaje y grabarlo todo con una cámara, ir sólo a los sitios recomendados, a los sitios donde “hay” que ir. A la vuelta podrás mostrar las fotos y los videos y enumerar todos esos lugares, pero no habrás viajado. Tal vez no te importe, eso sería un problema.

Una vez leí un artículo sobre una madre que recién había parido y le habían diagnosticado tendinitis porque se había pasado horas mensajeando en el celular. Yo digo, no sé de dónde vino la frase, que cada uno hace de su culo un jardín, allá ella, si eso era lo más importante para ella. ¿Pero no hay algo, como mínimo, llamativo, raro sobre esto? ¿No se estaba perdiendo de un momento absolutamente personal sólo por compartirlo? Es el mismo dilema de los reality shows: la vida personal, ¿no es personal? Uno viaja porque, supuestamente, idealmente, uno quiere viajar, quiero disfrutar de un viaje. Si alguien viaja sólo para mostrarle dicho “viaje” a sus amigos y conocidos, ¿no está perdiéndose algo? Lo mismo pasa con la escritura, escribir para los demás es estar perdiéndose algo, tal vez lo más importante de la escritura.

Cuando uno escribe, pasan cosas. Esas cosas no se transmiten en la escritura (a no ser, claro, que uno escriba un libro precisamente sobre esas cosas). Esas cosas le pasan al que escribe. A veces no son agradables, muchas veces no son agradables, pero ahí están.

La escritura es un proceso personal en el cual uno se enfrenta, o juega, con uno mismo. Es un proceso mediante el cual el escritor crece, cambia y evoluciona, indaga y descubre por qué está escribiendo ese texto, por qué escribe en general, se pregunta de qué sirve lo que está escribiendo y de qué sirve escribir en general, juega con las palabras, crea metáforas, nuevos significados, a veces nuevas palabras, establece un diálogo abierto con los libros que ha leído, con los autores que ha leído, con los libros y autores que leerá y con los libros y autores futuros que lo leerán a él, en dicho diálogo posiblemente se remonte al principio de los tiempos, a las primeras historias contadas por humanos, establezca una línea ininterrumpida que nace con los primeros oradores. Tal vez, en este proceso, rodeado de dudas sobre su texto, sobre su escritura, sobre sus capacidades, sobre su vida, sobre su existencia, dudas que lo mantienen aplastado contra la tierra, logre levantarse, de a poco, sobreponerse y decir “Sí sé lo que estoy haciendo”, o “Soy capaz”.

Pero las editoriales le insisten que tiene que pensar en el público, que las nuevas tendencias, los nuevos temas, olvidando por qué en realidad se cuentan historias desde el inicio de los tiempos, por qué fueron escritos los libros que han cambiado la humanidad, los libros que nos han empujado y hecho avanzar. Ninguna de esas historias o libros fueron creados para satisfacer al público.

La pregunta es si vos creés que podés ser parte de ese diálogo, si creés que podés aportar algo. La pregunta, en realidad, por lo menos para mí, es retórica. Yo sí creo que podés aportar algo. También creo que no importa si podés o no podés aportar algo, si vas o no a aportar algo al final, lo que es más importante es si sos capaz de enfrentarte a vos mismo y a tu proceso. También es una cuestión retórica, claro que sos capaz, te invito a dar ese salto.

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