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El viaje de mis lecturas

Nicolás Ramajo Chiacchio

5 de enero de 2023

El viaje de mis lecturas

Nunca me gustó la insistencia con la que se espera que uno lea los clásicos.

Cuando un profesor nos dijo que debíamos leer la Odisea y la Biblia porque eran los pilares literarios de nuestra cultura, le pregunté por qué no leíamos los pilares literarios de otras culturas.

No me gustan las listas categóricas de los 10 o 100 mejores libros, y las de los 1000 libros que hay que leer antes de morir me parece ridícula.

Yo, como casi todo el mundo, me inicié en la literatura por el costado, empezando a leer un libro que tenía a mano y que me pareció curioso. Nadie empieza leyendo el número 100 de la lista para luego pasar al 99.

Tampoco me gusta la idea de que leer es viajar sin moverse del lugar, porque uno puede visitar países distantes e imaginarios, como decía un profesor.

Claro que la lectura puede ser un viaje, pero no para conocer lugares lejanos, sino como el viaje de una droga alucinógena o de una intensa conversación.

Pero hay otra forma de verlo, pensar que la lista de los libros que leemos es en sí un viaje.

Por lo menos a mí cada libro me lleva al siguiente, cada lectura trae otra lectura, de tal manera que todas mis lecturas están hiladas, formando un camino.

Cortázar, con quien me inicié, me llevó a Borges y a Abelardo Castillo, quien me llevó a Benedetti. La insoportable levedad del ser me llevó a investigar y descubrir la literatura de Europa del este. Buscando en la K encontré a Krasznahorkai, que me llevó a conocer las películas de Bela Tarr y a Cartarescu. De Las ciudades invisibles salté a Baricco y de Baricco a Pavese. Un amigo me prestó a Bukowski y con él fui hasta Miller y de Miller fui a Hemingway. Un día encontré un libro de Maram Al-Masri en una librería y me llevó a Omar Jayyam y a Kalil Jibrán, a quien mi mamá ya había leído en su infancia, y éste me llevó a Tagore. Un día encontré un haiku de Basho que me llevó hasta Takuboku. La Diosa blanca de Robert Graves me llevó hasta Joseph Campbell. Y leyendo a bolaño llegué a México.

Propongo entonces la abolición de las listas. Propongo también la lectura como un viaje de libros.

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