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Guía de creación literaria: Primero vomitar, después limpiar PARTE II

Nicolás Ramajo Chiacchio

14 de diciembre de 2022

Guía de creación literaria: Primero vomitar, después limpiar PARTE II

Luego hay otra historia, cuando ya escribís en serio. Te recomiendo vomitar primero y limpiarlo después.

No te enfrentes a la escritura con demasiada seriedad ni pulcritud, con las cosas demasiado claras. Como la vida, la escritura te va a terminar llevando donde ella quiera, así que es necesario cierto grado de docilidad. Vomitá, ensuciá la página, ya luego la limpiarás, la corregirás, la pasarás a limpio. No te esfuerces en escribir la página definitiva del tirón.

Sacate de la cabeza la imagen que nos han metido las películas de Hollywood del escritor que se sienta con su máquina de escribir y tira las hojas arrugadas después de escribir una frase que no le gusta. No es así como funciona el proceso de escritura. No conozco a nadie que escriba así.

La primera frase no le gusta. Sabemos que la primera frase de una novela es muy importante, es un gancho que mantendrá al lector enganchado. Así que arranca la hoja de la máquina, la arruga enfurecido y la tira a una cesta que tiene convenientemente cerca. Introduce otra hoja y vuelve a empezar, escribe la misma frase con alguna variante, pero tampoco le gusta. Arranca la hoja, la arruga y la tira. Esa cesta se va llenando progresivamente de primeras páginas, de primeras frases. En algún momento el escritor entiende algo, algo hace clic en su interior y se lanza a escribir, y a dejar de tirar hojas escritas a medias, como un obseso, como un loco, como un fanático, como un iluminado. Poco después vemos sobre la pantalla al mismo escritor poner la palabra FIN en medio de la última hoja, sacarla con mucha suavidad y emplazarla sobre un montón de hojas que parece que nunca han pasado por el cabezal de la máquina, de lo bien ordenadas y prolijas que están. Ese acto indica el final del proceso de escritura, la novela está terminada.

Resulta que nadie, nadie, nadie, bueno, tal vez alguien, alguna vez, quién sabe, pero en general nadie, nadie, nadie escribe así un libro. Tal vez algún poeta alguna vez haya escrito, profundamente inspirado, un libro de poemas del tirón, pero siempre a sabiendas de que luego habría que revisarlo, corregirlo, compartirlo, reestructurarlo.

Esas escenas de máquina de escribir y cesta llena de hojas arrugadas en realidad son una síntesis cinematográfica de todo el proceso de creación de un libro, ya que empiezan con una idea y terminan con un primer manuscrito.

En realidad la creación de un libro tiene un poco de ambas cosas, de lanzarse a escribir como si no hubiera un mañana y de construir el libro a partir de un esquema. En todo caso, normalmente, casi siempre empieza como un vómito.

Te invito a escribir como ese escritor a máquina, pero sin arrugar las hojas ni tirarlas. Tachá, no borres. Es importante que veamos nuestros errores, que permanezcan las huellas de lo que no nos gusta, eso nos ayudará a no repetir el sendero erróneo. No te preocupes demasiado, ya llegará el tiempo de corregir, mientras más tardes en preparar el viaje, más tarde saldrás. Te invito a que te lances a la escritura como a zambullirte al mar. Te invito a que te lances como a un juego que necesita ser jugado para definir sus reglas. No te preocupes, nadie te va a leer todavía, nadie te va a juzgar, sólo vos.

Y esa es la parte difícil. Sí, sos tu peor enemigo. Entonces se trata de convertirte en tu mejor amigo, el que te perdona, el que te dice que no te preocupes, no es para tanto, el que te dice que en realidad está bastante bien, el que te elogia sinceramente. Pero sí, sos tu primer lector. Así que lanzarte a escribir no deja de ser un salto de fe que requiere tremenda fortaleza y valentía, ¡bravo!

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