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Guía de creación literaria: Primero vomitar, después limpiar PARTE I

Nicolás Ramajo Chiacchio

23 de noviembre de 2022

Primero vomitar, después limpiar PARTE I

Difícil sería hacerlo al revés, ¿no?

Con esto me refiero a dos situaciones. Una es la de escribir en general, de iniciarse en la escritura. Hay una época que yo llamo de vómito, en la que veo que uno tiene la necesidad de escupir todo lo que uno lleva dentro. El problema es que, como cuando empezás a buscar trabajo por primera vez y exagerás la experiencia previa, que suele ser nula, al empezar a escribir le das mucha importancia a eso primero que escribís, como su tuvieras que inflar algún currículum literario. No hay necesidad, todo llegará. Esta primera etapa de vómito es necesaria, hay que despojarse de todas esas ideas preconcebidas que uno lleva dentro. Recién cuando las hayas sacado todas fuera podrás ponerte a escribir más en serio. Es un proceso natural, cuando llegues a ese punto te darás cuenta.

 

Vomitalo todo, que no quede nada adentro. Me refiero a tus primeras palabras escritas. Sacalas, vomitalas, quedate limpio por dentro.

Con el tiempo, revisando mi propia experiencia y los textos ajenos que me encontré en los talleres de creación literaria que ofrecí o que me trajeron amigos y desconocidos para que les echara un ojo, me quedó claro que había una primera etapa en la vida de un escritor, y yo considero que cualquiera puede serlo, pero no todos pasan la etapa del vómito, o no quieren, hay una primera parte que yo llamo precisamente así, la etapa del vómito.

Es una etapa difícil de superar y que, como la adolescencia hoy en día, puede llegar a estirarse décadas, aunque no sé, no lo he llegado a ver, si se puede estirar por siempre. Creo que alguien que la alargara tanto terminaría cayendo, en algún momento, en la cuenta de que no se puede escribir así toda la vida, terminaría desarrollando, a la fuerza o por constancia, un sentido crítico de su propia obra.

Es la etapa de nuestros primeros poemas, de nuestros primeros cuentos, de nuestras primeras incursiones literarias. Es una etapa de gran valentía. Somos suficientemente valientes como para lanzarnos a escribir, superando nuestros propios miedos, nuestras inseguridades como nacientes escritores, e incluso suficientemente valientes como para llegar a mostrar esos textos a otros.

Y precisamente por eso es una etapa compleja, porque son los primeros pasos de creación literaria, porque alguien ha asumido riesgos y ha superado inseguridades, que no podés decirle que lo que está escribiendo seguramente sea muy malo.

He visto en los primeros textos los peores prejuicios, los mismos tópicos, la misma idea rancia de la literatura. Y no es sólo por las frases pomposas, el uso de palabras desfasadas, el tono grandilocuente, porque de todo eso se puede, en última instancia, sacar un estilo propio, por qué no. Es, sobre todo, esa idea de la literatura heredada de épocas lejanas y caducas, una idea estancada en el tiempo que retrata a los escritores como seres ilustres, de gran sabiduría y una impecable moral, seres insuperables y obligadamente respetables, idea alimentada por el sentimiento de inferioridad e inseguridad metido en el cuerpo de cualquier persona que pasa por una escuela. Esta idea dice que los escritores del pasado son insuperables, son correctísimos, en vez de decirnos que ellos superaron a sus maestros y que ellos mismos han de ser superados por nosotros, en vez de contarnos que en su mayoría fueron unos borrachos violentos y envidiosos, traumáticos y traumatizados, enfermizos y frágiles.

Otro de los tópicos, heredado del romanticismo, de un entendimiento reducido del romanticismo, es que se escribe para expresar sentimientos y emociones. Me recuerda a cuando, trabajando como poeta callejero en Granada, una señora vino y me preguntó si mis poemas eran de amor, yo le dije que no, y ella me contestó, sutilmente consternada, diciendo que todos los poemas eran de amor. La situación, por otro lado, no tiene lógica, y eso también dice mucho del tipo de persona que carga consigo esas ideas. Si todos los poemas son de amor, ¿por qué dudar de que los míos no lo sean? Pero son ese estancamiento, mejor que seguridad en las ideas propias, porque es un estancamiento en las ideas propias, esa retórica y esa actitud reaccionaria algunos de los rasgos distintivos de las personas atascadas en estas ideas desfasadas.

Otro tópico poético, extendido entre los niños, pero que suelen perder de adultos, es que la poesía rima, siempre.

El tema es que estas dos últimas ideas están muy relacionadas con nuestros primeros textos, sobre todo si escribimos poesía. Los primeros poemas suelen expresar emociones en la forma de rimas.

Todos esos poemas habrías de quemarlos.

Como en la adolescencia, donde nos esforzamos, nos tenemos que esforzar, por hacer todo eso que no debemos hacer, que no podemos hacer, por equivocarnos, para luego poder aprender de nuestros errores y poder llevar una vida adulta sin arrepentimientos, en esta primera etapa de vómito también hemos de escribir todo eso que no deberíamos escribir, tenemos que escribir mal, tenemos que hablar de todas esas cosas que nos pasan que son tan importantes para nosotros, el amor juvenil, el desamor juvenil, la primera idea de libertad, los sentimientos inflamados, gastando todas las ideas prejuiciosas que tengamos. Porque va de eso, de gastar una etapa, desgastarla.

Yo lo hice. Yo escribí cartas, poemas, cuentos pensando que eran buenísimos, y un día, ya con una idea más clara de lo que era escribir y ser escritor, quemé todos esos papeles.

Es como si el cuerpo, en su desarrollo temprano, generara un producto que en su momento pensamos que es muy bello e importante, y en realidad en ese momento lo es, pero que está destinado a ser podado, rascado, vomitado. Como una primera piel reptiliana, como las primeras plumas del ave, como los dientes de leche.

Pero parece que te estuviera invitando a quemar tus primeros textos, cuando en realidad te estoy invitando a escribirlos, a escribir todo lo que puedas, no te quedes nada. Tampoco te invito a hacerlo para que en el futuro puedas escribir mejor, sino por el mismo hecho de hacerlo, porque esas primeras palabras necesitan salir, y vos necesitás soltarlas.

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