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Guía de creación literaria: Encontrá tu propia voz

Nicolás Ramajo Chiacchio

23 de noviembre de 2022

Encontrá tu propia voz

Nadie que escriba algo valioso lo hace con una voz ajena, entre otras cosas, porque parte de ese valor se lo da precisamente el escribirlo con propia voz.

La voz propia es como la casa propia. Unos la heredan, o la compran con ayuda de la familia, otros la compran nueva, vacía, fría, y la llenan de antiguos recuerdos, y su casa habla de valentía, pero también de desherencia. Otros alquilan, y tienen una voz compartida. Otros se compran, lejos de la familia, una casa vacía que llenan y decoran con muebles de catálogo, y tienen una voz de catálogo, como ellos piensan que se debe tener, o como piensan que se espera de ellos.

Unos tienen voz de casa de campo con jardín y huerto, otros escriben con voz de piso urbano. Otros tienen voz de nómada sin techo ni necesidad de uno.

Ya no se trata sólo de las palabras que usás, ni de cómo las usás. Se trata del sabor y olor que tienen tus palabras y frases, de la textura, arenosa o suave de seda, de si tu voz suena nostálgica o aprensiva, mordaz o lejana, hiriente o fría. Se trata de lo que reflejan, se trata de la carga que llevan, se trata de lo que dicen sin decir.

Tu voz es importante porque lleva una carga. Está cargada con todas las cosas que te dijeron de pequeño, con tus sueños y traumas, con tu pasado y el de tus antepasados. Tu voz es como el rayo, que descarga en un instante, en una frase, toda la energía que había en la nube y la deja gabada para siempre en la tierra. O por lo menos así debería funcionar tu voz, y no como la descarga de una batería.

Tu voz es de lo que hablás y lo que callás. Se nota en el uso de los conectores, en el uso de las comas y los puntos, en las frases largas y las cortísimas, y en el juego que se establece entre ellas. En tu voz también están los temas que tratás, las cosas de las que hablás, la distancia que guardás de ellas o cuánto te acercás.

Pero tampoco te preocupes demasiado, no quieras tener una voz clara y prístina desde el principio de tu escritura. La voz, como la personalidad, como el cuerpo, se desarrolla, crece, decrece, cambia, se consolida. Encontrar la voz propia, usar la voz propia, es un ejercicio continuado de honestidad, de introspección, de revisión, de práctica, de uso.

No confundas la voz propia con las palabras propias. Aunque están íntimamente relacionadas, tanto que no sabía si escribir un solo artículo donde desarrollar ambos temas, son fácilmente identificables y separables. La última, tu vocabulario, es, digamos, la fachada de tu discurso, la parte visual, son las palabras que usa tu voz para expresarse, para tomar forma. Tu voz esta más relacionada con lo que esas palabras dicen o quieren decir, con el discurso que ayudan a desarrollar, con las habitaciones interiores, los recuerdos, las vivencias y la huella que dejaron, con las ideas que se gestaron en cada cuarto, con esa necesidad de salir de casa para elevar la voz.

Yo, que migré con veinte años, trato de ser preciso con el vocabulario de la migración. En mi escritura, después de haber viajado mucho, resuena el tema de la identidad, pero también se nota que no le doy mucha importancia a las diferencias entre personas, y las trato de manera natural. ¿Venís de un entorno culto? Pues seguramente tiendas a usar tecnicismos y un vocabulario internacional; tampoco sería raro que analizaras los hechos desde distintos campos académicos; pero tampoco sería raro que lo denostaras, y que expresaras tu rebeldía usando un vocabulario callejero y una escritura muy oral. ¿Qua venís de un entorno más humilde, no tan culto? Entonces seguramente uses palabras más generales (dignidad, frente a derechos humanos, trabajo, frente a mercado laboral); tal vez analices los hechos desde la raíz; tampoco sería raro que fueras más crítico, consciente de tu propia situación y tu propia voz, y desarrolles discursos mejor elaborados, más sólidos. Son ideas, no pretendo saber cómo será la voz de alguien de tal o cual entorno o condición, sólo son ideas para hacerme entender.

Entonces te invito a buscar, encontrar y definir tu propia voz. No quieras usar las palabras que otros usan, al igual que no quieras hablar como otros hablan. La pregunta, en todo caso, es tan difícil como cualquiera de las preguntas básicas. ¿Quién soy, cómo hablo? Seguramente sea respondiendo esas preguntas que tu voz empiece a salir, tal vez sucia al principio pero cada vez más clara.

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